Por Catalina Guzmán, Gerenta de Estrategia y Comunicaciones Mattter.
En Chile, comunicar sostenibilidad dejó de ser un gesto reputacional para convertirse en una obligación moral, regulatoria y competitiva. La ciudadanía ya no compra promesas verdes: el Monitor de Sostenibilidad Empresarial (Ipsos 2025) muestra que solo un 26 % confía en los mensajes corporativos, mientras un 73 % percibe que las empresas priorizan las ganancias sobre el medioambiente.
Aun así, hay progreso: la comprensión del concepto de sostenibilidad ha ido subiendo en los últimos años y alcanza un 54 %, lo que refleja una sociedad más informada y exigente. Esta mayor conciencia coincide con un cambio profundo dentro de las organizaciones: la comunicación estratégica gana influencia, participando en decisiones críticas y siendo clave para conectar propósito con resultados. Sin embargo, persiste una brecha entre lo que las empresas declaran y lo que realmente ejecutan.
En este escenario, el país avanza también en regulación. El proyecto de ley contra el “lavado verde de imagen”, hoy en el Senado, busca sancionar afirmaciones ambientales sin respaldo verificable, mientras nuevas normas impulsan etiquetados auditables y mayor fiscalización del SERNAC.
Otro avance interesante es lo que pasa en el territorio de la autoregulación, la Cámara de Comercio de Santiago publicó el año pasado la guía “4 Claves para Comunicar la Sostenibilidad”, alineada con estándares OCDE y Pacto Global y que ha sido bien recibida en el mundo corporativo. La guía plantea 4 criterios simples y claros:
- Fiabilidad – toda afirmación debe ser demostrable.
- Claridad – mensajes precisos y comprensibles.
- Pertinencia – comunicar lo material, no lo cosmético.
- Accesibilidad – información disponible e inclusiva.
El desafío ya no es reportar sostenibilidad, sino demostrarla con evidencia, propósito y creatividad. Las empresas que preparan sus memorias integradas deben trascender el PDF: distribuir sus avances en formatos que conecten con cada público, fortaleciendo confianza y transparencia.
Tres fuerzas están cerrando el ciclo del greenwashing en Chile: una ciudadanía más informada, una legislación que avanza,y una guía empresarial que fija estándares claros.
En la nueva economía de la confianza, comunicar sostenibilidad no es diferenciarse, sino probar coherencia. Porque en esta era de la evidencia, las palabras solo valen si están respaldadas por hechos, y esos hechos necesitan relato para inspirar y perdurar.




